Pocas infraestructuras económicas han cambiado tanto en Chile durante las últimas décadas como el sistema de pagos. En una generación pasamos del efectivo y el cheque a las tarjetas, transferencias electrónicas, pagos sin contacto y billeteras digitales. Hoy, el próximo salto ya aparece en el horizonte: pagos cuenta a cuenta en comercios, Open Finance y eventualmente dinero tokenizado y stablecoins.
No es un cambio menor. Un sistema de pagos eficiente reduce costos de transacción, facilita el comercio, aumenta la competencia financiera y constituye una infraestructura crítica para el funcionamiento de la economía.
Del efectivo y el cheque a la tarjeta
Durante buena parte del siglo XX, efectivo y cheques dominaron las transacciones de personas y empresas. La bancarización era menor y realizar pagos entre instituciones podía ser considerablemente más lento que hoy.
La masificación de tarjetas cambió ese escenario.
Primero avanzó el crédito y posteriormente el débito, impulsado por la expansión de cuentas bancarias y productos como CuentaRUT. Chile comenzó a sustituir instrumentos tradicionales por medios electrónicos, tendencia que el Banco Central identificó tempranamente como una transformación estructural del sistema financiero. (Banco Central de Chile)
Hoy la tarjeta de débito es el instrumento más utilizado por los chilenos: según la ENUPE 2025, un 81% declaró utilizarla, frente a 64% que todavía utiliza efectivo. (Banco Central de Chile)
La revolución de las transferencias
Pero quizás la transformación más interesante ocurrió fuera de las tarjetas.
Las transferencias electrónicas entre cuentas se incorporaron profundamente en los hábitos financieros de los chilenos. Chile dispone actualmente de una infraestructura que permite transferencias interoperables, disponibles permanentemente y con abono inmediato de fondos. (Banco Central de Chile)
La magnitud del cambio es notable.
En 2026, cada persona mayor de 15 años realiza en promedio 435 pagos digitales al año. Desde el Informe de Sistemas de Pago anterior, el número total de pagos digitales aumentó otro 15%, mientras las transferencias electrónicas también crecieron 15%. (Banco Central de Chile)
En apenas una década, el número de pagos mediante tarjetas y transferencias electrónicas se multiplicó más de cuatro veces. (Banco Central de Chile)
Chile construyó así, casi silenciosamente, una de las infraestructuras de pagos más desarrolladas de América Latina.
Más competencia
Otro cambio fundamental ocurrió en la adquirencia.
Durante décadas, la estructura del mercado estuvo fuertemente concentrada. La transición hacia un modelo de cuatro partes facilitó la entrada de nuevos adquirentes, emisores, fintech y proveedores de servicios de pago.
El resultado ha sido mayor competencia, nuevos dispositivos, pagos contactless, billeteras digitales y alternativas para comercios.
A ello se agregan las tarjetas de prepago. En el último año se realizaron 577 millones de transacciones con estos instrumentos, más del doble que en el período anterior, aunque todavía representan alrededor del 8% de los pagos digitales. (Banco Central de Chile)
El sistema pasó de estar construido esencialmente alrededor de bancos y tarjetas a transformarse progresivamente en un ecosistema de pagos.
La próxima frontera: pagar directamente desde la cuenta
Aquí aparece probablemente el cambio más relevante de los próximos años.
Chile ya posee transferencias inmediatas ampliamente utilizadas entre personas. Sin embargo, menos del 10% de las transferencias interbancarias corresponde a pagos a comercios. (Banco Central de Chile)
Existe, por tanto, una enorme infraestructura disponible que todavía no se utiliza plenamente como medio de pago.
El Banco Central anunció en agosto de 2026 que avanzará en perfeccionamientos regulatorios destinados precisamente a fortalecer el sistema de pagos instantáneos y facilitar las transferencias electrónicas como alternativa para pagar directamente en comercios. (Banco Central de Chile)
Esto podría abrir una nueva etapa competitiva: tarjetas versus pagos cuenta a cuenta.
Open Finance
La segunda transformación será el Sistema de Finanzas Abiertas.
La Ley Fintec permitirá que, con autorización del cliente, diferentes instituciones financieras intercambien información estandarizada y que nuevos proveedores puedan iniciar pagos.
La CMF publicó en junio de 2026 nuevas especificaciones técnicas para este sistema, cuya entrada en vigor fue postergada hasta julio de 2027 debido a la complejidad de su implementación. (CMF Chile)
Open Finance puede aumentar competencia, reducir fricciones y permitir servicios financieros considerablemente más personalizados.
Los desafíos pendientes
Pero digitalizar los pagos también crea nuevos riesgos.
El primero es el fraude. El Banco Central observa incrementos en las tasas de fraude digital desde 2024, particularmente persistentes en tarjetas de débito. (Banco Central de Chile)
El segundo es la ciberseguridad. Mientras más dependiente sea la economía de pagos digitales, mayor será el costo económico de interrupciones operacionales o ataques.
El tercero es garantizar interoperabilidad y competencia. El objetivo no debería ser reemplazar un sistema concentrado por nuevas plataformas cerradas, sino construir una infraestructura donde bancos, fintech y otros participantes puedan competir sobre estándares comunes.
Finalmente aparece una frontera completamente nueva: las stablecoins. El Banco Central anunció que durante 2026 presentará una propuesta regulatoria para aquellas que puedan utilizarse como medios de pago, con miras a contar con un marco normativo en 2027. (Banco Central de Chile)
Chile 2030: dinero invisible
La evolución del sistema de pagos chileno muestra cómo una infraestructura económica puede transformarse sin que muchas veces percibamos la magnitud del cambio.
Pasamos del efectivo al cheque, del cheque a la tarjeta y de la tarjeta al teléfono.
La siguiente etapa será todavía más profunda: pagos instantáneos, cuenta a cuenta, Open Finance, biometría y activos digitales.
El desafío de Chile ya no es simplemente digitalizar los pagos. Gran parte de ese camino está recorrido.
El verdadero desafío es construir un ecosistema donde pagar sea instantáneo, interoperable, seguro, competitivo y prácticamente invisible para el usuario.
Porque la mejor infraestructura de pagos es, finalmente, aquella que permite que millones de transacciones ocurran todos los días sin que tengamos que pensar en ella.



