ECONOMÍAOpinión24 de agosto de 2026

Chile perdió el tren: ¿qué pasaría si EFE se manejara como el Metro de Santiago?

Por FinancialEconomist.clLectura: ~5 min
Chile perdió el tren: ¿qué pasaría si EFE se manejara como el Metro de Santiago?

Hubo una época en que el tren era parte fundamental de Chile. Conectaba ciudades, desarrollaba pueblos, transportaba mercancías y articulaba el territorio. En 1913, el ferrocarril longitudinal permitió conectar desde Iquique hasta Puerto Montt y la red chilena llegó posteriormente a bordear los 9.000 kilómetros de vías.

Después comenzó el retroceso. La expansión de carreteras, automóviles, buses y camiones, junto con décadas de menor inversión, obsolescencia y cierre de ramales, hicieron que el ferrocarril perdiera progresivamente protagonismo. Chile terminó privilegiando carreteras y aviación para conectar sus ciudades.

Pero existe una paradoja: Chile sí demostró que sabe desarrollar transporte ferroviario masivo exitoso. Lo hizo con el Metro de Santiago.

Desde su inauguración en 1975, Metro ha crecido bajo una lógica de planificación de largo plazo, inversiones continuas, alta frecuencia, integración y estándares relativamente elevados de servicio.

¿Qué pasaría si aplicáramos esa misma filosofía al tren interurbano?

No significa simplemente cambiar la administración de EFE. Significa concebir el ferrocarril como infraestructura estratégica nacional, con proyectos que sobrevivan a los ciclos políticos y sean capaces de competir realmente con el automóvil, el bus y el avión.

Un corredor moderno Santiago–Rancagua–Talca–Chillán–Concepción, acompañado de trenes suburbanos alrededor de las principales ciudades, podría modificar la geografía económica del centro-sur. Lo mismo podría ocurrir con una conexión eficiente Santiago–Valparaíso.

La velocidad importa, pero también la frecuencia. Un tren moderno que pasa pocas veces al día difícilmente puede competir. La principal enseñanza del Metro es que el pasajero debe confiar en que el servicio será frecuente, predecible y conectado con otros medios de transporte.

El impacto iría más allá de la movilidad. Mejores conexiones podrían facilitar que personas y empresas se establezcan fuera de Santiago, potenciar ciudades intermedias, desarrollar turismo y disminuir la congestión y las emisiones asociadas al transporte terrestre.

Chile probablemente no necesita reconstruir cada ramal que alguna vez tuvo. Pero sí podría recuperar algo que perdió durante décadas: una visión ferroviaria de largo plazo.

La experiencia del Metro demuestra que, cuando existe planificación, inversión continua y buen servicio, los chilenos adoptan masivamente el transporte sobre rieles.

Chile no dejó de necesitar el tren. Dejó durante demasiado tiempo de imaginar hasta dónde podía llevarlo.

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