ECONOMÍAEstudio24 de agosto de 2026

Las escuelas de economía en Chile: de la CEPAL a Chicago y de la ideología a la evidencia

Por FinancialEconomist.clLectura: ~5 min
Las escuelas de economía en Chile: de la CEPAL a Chicago y de la ideología a la evidencia

Pocos países latinoamericanos pueden contar su historia económica reciente a través de sus universidades como Chile. Durante buena parte del siglo XX, dos instituciones —la Universidad de Chile y la Pontificia Universidad Católica— representaron visiones diferentes sobre el desarrollo, el mercado y el papel del Estado. De ese debate surgieron economistas que terminarían influyendo decisivamente en las políticas públicas del país.

Hoy las fronteras son considerablemente menos rígidas. Pero entender cómo evolucionaron estas escuelas permite también comprender cómo cambió la economía chilena.

Los orígenes: desarrollo e industrialización

La enseñanza formal de economía comenzó tempranamente. En 1924 la Universidad Católica creó su Facultad de Comercio y Ciencias Económicas y, una década después, la Universidad de Chile estableció la Facultad de Comercio y Economía Industrial. Hasta la reforma universitaria de 1980 ambas instituciones concentraron prácticamente la formación de economistas del país. (Economía UC)

Durante las décadas de 1940 y 1950 predominaba una visión donde el Estado tenía un papel central en el desarrollo económico.

La creación de la CEPAL en Santiago reforzó esta influencia. Economistas como Raúl Prebisch, Aníbal Pinto y posteriormente Osvaldo Sunkel desarrollaron una interpretación estructuralista de América Latina: economías periféricas dependientes de materias primas, con estructuras productivas heterogéneas y dificultades para industrializarse. (Repositorio CEPAL)

La Universidad de Chile estuvo particularmente vinculada a ese ambiente intelectual. Industrialización, sustitución de importaciones, planificación y desarrollo productivo formaban parte importante del debate.

La revolución de Chicago

El gran quiebre comenzó en 1955.

La Universidad Católica estableció un programa de cooperación con la Universidad de Chicago, formalizado en 1956, que permitió enviar jóvenes economistas chilenos a estudiar posgrados en Estados Unidos. Allí recibieron la influencia de profesores como Milton Friedman y Arnold Harberger. (Economía UC)

La diferencia conceptual era profunda.

Mientras el estructuralismo enfatizaba las restricciones productivas y la intervención estatal, Chicago ponía el foco en precios, incentivos, estabilidad monetaria, competencia, propiedad privada y apertura comercial.

De ese proceso surgieron los posteriormente denominados Chicago Boys, entre ellos Sergio de Castro, Rolf Lüders, Pablo Baraona, Sergio de la Cuadra y Miguel Kast. (Memoria Chilena)

Chile se transformó así en un excepcional laboratorio de confrontación entre dos grandes paradigmas económicos.

De las aulas a la política económica

Después de 1973, varios economistas formados bajo la influencia de Chicago asumieron posiciones relevantes durante la dictadura militar. Desde mediados de los setenta impulsaron profundas reformas: apertura comercial, privatizaciones, disciplina fiscal, liberalización de mercados y un mayor protagonismo del sector privado. (Economía UC)

El proceso ocurrió bajo un régimen autoritario y continúa siendo objeto de importantes debates históricos y políticos. Pero desde el punto de vista del pensamiento económico produjo una transformación duradera.

Incluso después del retorno a la democracia en 1990, aspectos fundamentales del modelo —economía abierta, disciplina fiscal, autonomía del Banco Central, integración financiera y protagonismo de los mercados— permanecieron.

Lo interesante es que comenzaron a combinarse con políticas sociales más activas y mayor preocupación por desigualdad, pobreza y regulación.

La expansión de las escuelas

La reforma de educación superior de 1980 cambió además el mapa universitario. Nuevas universidades comenzaron progresivamente a formar economistas. (SciELO México)

Con el tiempo, instituciones como la Universidad de Santiago, Universidad de Concepción, Universidad Adolfo Ibáñez, Universidad de los Andes, Universidad Alberto Hurtado, Universidad Diego Portales y otras desarrollaron departamentos y facultades con distintas combinaciones de economía aplicada, políticas públicas, finanzas y administración.

Simultáneamente ocurrió otro fenómeno: la internacionalización del economista chileno.

Cada vez más académicos realizaron doctorados en universidades estadounidenses y europeas. MIT, Harvard, Chicago, Princeton, Stanford, Columbia, Berkeley, UCLA, LSE y otras instituciones comenzaron a reemplazar las antiguas identidades exclusivamente locales.

¿Existe todavía una Escuela de Chicago chilena?

Mucho menos que hace cuarenta años.

La economía académica moderna se ha vuelto considerablemente más empírica. Microeconometría, experimentos, grandes bases de datos, economía conductual, organización industrial, desigualdad, género, medioambiente y evaluación de políticas públicas forman hoy parte habitual de la investigación.

Incluso la propia Universidad Católica ha evolucionado. Su Instituto de Economía mantiene una fuerte tradición de teoría económica y rigor cuantitativo, pero su composición académica es mucho más internacional y diversa que la existente durante la generación original de Chicago.

Algo similar ocurrió en la Universidad de Chile: su tradición histórica vinculada al desarrollo permanece, pero actualmente convive con investigación económica moderna y altamente cuantitativa.

De las escuelas a la evidencia

Quizás esa sea la mayor transformación del pensamiento económico chileno.

Durante buena parte del siglo XX la pregunta parecía ser: ¿Estado o mercado?

En 2026 la discusión relevante es considerablemente más sofisticada: ¿qué combinación de Estado, mercado, regulación e instituciones funciona mejor para cada problema?

Chile pasó del estructuralismo cepalino al liberalismo de Chicago y posteriormente hacia una economía académica más plural, internacionalizada y basada en evidencia.

Las diferencias ideológicas naturalmente permanecen.

Pero probablemente la principal escuela económica chilena del futuro no será exclusivamente Chicago, CEPAL, keynesiana o liberal.

Será aquella capaz de combinar teoría, datos, instituciones y evidencia para responder la pregunta que Chile todavía tiene pendiente: cómo recuperar productividad, crecimiento y convergencia hacia las economías desarrolladas.

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