Chile ha modernizado aeropuertos, autopistas, carreteras y sistemas de transporte urbano. Sin embargo, existe una infraestructura que parece haberse quedado varias décadas atrás: los terminales de buses interurbanos.
La paradoja es evidente. El bus continúa siendo fundamental para conectar Santiago con regiones y, especialmente, para unir ciudades intermedias y localidades donde el avión o el tren no constituyen alternativas reales. Millones de pasajeros utilizan estos servicios, pero la experiencia comienza y termina muchas veces en terminales congestionados, con infraestructura envejecida y escasa integración con la ciudad.
El problema es especialmente visible en Santiago. El eje Alameda–Estación Central concentra una parte importante del transporte interurbano en instalaciones rodeadas por altos flujos vehiculares y peatonales. La diferencia respecto de los nuevos aeropuertos o estaciones ferroviarias modernas resulta cada vez más evidente.
Modernizar no significa simplemente construir edificios más atractivos. Los terminales del futuro deberían funcionar como verdaderos hubs de movilidad, integrando buses interurbanos, Metro, trenes suburbanos, transporte público, taxis, aplicaciones de movilidad y estacionamientos.
También existe una dimensión de experiencia del pasajero. Salas de espera confortables, información digital en tiempo real, mejores estándares de seguridad, baños adecuados, comercio, gastronomía, custodia de equipaje, accesibilidad universal y espacios ordenados para embarque deberían ser parte del estándar básico.
La oportunidad inmobiliaria tampoco es menor. En distintos países, las grandes estaciones de transporte se han transformado en proyectos de uso mixto que incorporan hoteles, oficinas, comercio y servicios, generando ingresos adicionales y revitalizando sectores urbanos.
Chile podría avanzar hacia un modelo similar. Santiago necesita discutir la conveniencia de mantener una alta concentración de terminales en Estación Central o desarrollar terminales metropolitanos estratégicamente ubicados, conectados directamente con Metro y autopistas, reduciendo buses ingresando innecesariamente al centro de la ciudad.
En regiones ocurre algo parecido. Terminales modernos pueden convertirse en la puerta de entrada de ciudades turísticas y capitales regionales. La primera impresión de un visitante no debería ser una infraestructura deteriorada, sino una estación que represente el estándar de ciudad que queremos construir.
El transporte interurbano por buses probablemente seguirá siendo indispensable durante décadas. La infraestructura que lo recibe debería reflejar esa importancia.
Chile modernizó la carretera. Modernizó el aeropuerto. Está recuperando progresivamente el tren.
Ahora falta modernizar el lugar donde comienzan millones de viajes: el terminal de buses.



