Chile posee una ventaja turística que pocos países pueden replicar: más de 4.000 kilómetros de cordillera y una temporada de nieve que coincide con el verano del hemisferio norte. Desde junio hasta septiembre, mientras Europa y Norteamérica esperan el regreso del invierno, los Andes chilenos se convierten en uno de los principales destinos de ski del hemisferio sur.
La oferta es sorprendentemente diversa. Cerca de Santiago se encuentran Valle Nevado, La Parva y El Colorado, formando uno de los mayores polos de montaña de Sudamérica. A ellos se suma Portillo, uno de los centros de ski más emblemáticos del continente y reconocido internacionalmente por su tradición y por la Laguna del Inca.
Más al sur cambia completamente el paisaje. Nevados de Chillán combina nieve, bosque y aguas termales; Corralco, emplazado en torno al volcán Lonquimay, ofrece uno de los escenarios más espectaculares del país. Antillanca, en la Región de Los Lagos, completa una geografía donde es posible esquiar entre volcanes y bosques nativos.
La principal ventaja competitiva chilena, sin embargo, puede estar fuera del país. Brasil constituye un gigantesco mercado potencial sin nieve propia relevante para deportes de invierno. A ello se agregan Argentina, Estados Unidos y Europa, donde existen millones de esquiadores que pueden practicar su deporte durante el verano boreal. Santiago, además, tiene centros de ski a poco más de una hora de una metrópolis de siete millones de habitantes y de su principal aeropuerto internacional.
Pero Chile todavía captura una fracción del potencial económico de su cordillera. Los grandes destinos mundiales de montaña no venden solamente tickets para andar en ski: desarrollan hoteles, gastronomía, comercio, residencias, eventos, spas, actividades de verano y verdaderos pueblos de montaña que funcionan durante todo el año.
Ahí aparece el desafío chileno. La oportunidad consiste en evolucionar desde el concepto de “centro de ski” hacia el de “destino de montaña”. Menos dependencia de cuatro meses de nieve y mayor actividad durante doce meses: trekking, mountain bike, trail running, gastronomía, termas, congresos y turismo de naturaleza.
El cambio climático agrega urgencia. Menores precipitaciones y temporadas más variables obligarán a invertir en nieve artificial, eficiencia hídrica, infraestructura y diversificación hacia actividades independientes de la nieve.
Chile posee cordillera, volcanes, nieve, conectividad aérea y una localización privilegiada respecto del hemisferio norte. Pocos países tienen una capital financiera y turística tan cerca de pistas de nivel internacional.
El cobre está debajo de los Andes. Pero existe otra riqueza económica bastante más visible sobre ellos.
Chile tiene una de las grandes cordilleras del planeta. El desafío es convertirla también en una de las grandes industrias de montaña del mundo.



