EMPRESASAnálisis24 de agosto de 2026

La industria detrás del Terremoto: cuando una bebida popular se transforma en economía

Por FinancialEconomist.clLectura: ~5 min
La industria detrás del Terremoto: cuando una bebida popular se transforma en economía

Pocas bebidas representan mejor la economía popular chilena que el Terremoto. Pipeño, helado de piña y granadina forman una receta sencilla que cada septiembre reaparece en fondas, restaurantes y bares. Detrás del vaso existe una cadena que conecta agricultura, vitivinicultura, industria alimentaria, gastronomía y turismo.

Su historia moderna se remonta a los años ochenta y su nombre suele vincularse al terremoto de 1985. Según la versión más difundida, ese año un grupo de periodistas extranjeros visitó el bar El Hoyo, en Santiago, después del sismo. El local les habría servido pipeño con helado de piña y, tras beberlo, uno de ellos comentó que la mezcla le había provocado un “terremoto”. El nombre habría quedado asociado a la bebida y luego se popularizó en otros bares y fondas. Aunque existen distintas versiones sobre su origen y no hay consenso absoluto sobre el episodio, la explicación coincide con la expansión del cóctel durante la década de 1980. Locales como La Piojera y El Hoyo ayudaron a convertirlo en un símbolo de la cultura gastronómica santiaguina. (Repositorio U. de Chile)

El pipeño y la recuperación de una tradición

El ingrediente central es el vino pipeño, elaborado principalmente por pequeños productores de la zona centro-sur. Tradicionalmente se produce con uvas País y Moscatel, cultivadas en parras antiguas y, en muchos casos, con prácticas de baja intervención y fermentación en lagares o cubas de madera.

Entre las zonas reconocidas por la producción de pipeño destaca Quillón, en la Región de Ñuble, donde sobreviven viñedos tradicionales y productores que han mantenido métodos de elaboración transmitidos por generaciones. También existen productores relevantes en sectores del Valle del Itata, como Coelemu, Guarilihue, Portezuelo, Ránquil y San Nicolás, además de localidades del Maule y del Biobío. Estos territorios han comenzado a posicionar sus pipeños no solo como insumos para el Terremoto, sino también como vinos con identidad propia.

Aunque durante años fue asociado a un vino rústico y de consumo local, hoy algunos productores están demostrando que puede dar origen a vinos de gran calidad, frescos, expresivos y con identidad territorial. La recuperación de viñedos patrimoniales, mejores técnicas de vinificación y una mayor valoración de las cepas tradicionales han impulsado la aparición de pipeños embotellados y de mayor sofisticación.

El Terremoto también contribuyó a mantener vigente esta producción. Estudios sobre su historia destacan que la popularidad del cóctel ayudó a reposicionar un producto que había quedado al margen de la industria vitivinícola. (SciELO)

Chile produjo 838,6 millones de litros de vino en 2025 y exportó US$1.523 millones. Sin embargo, las estadísticas oficiales no suelen separar al pipeño como una categoría independiente, por lo que no existe una cifra pública consolidada que permita afirmar con precisión cuánto representa dentro de la producción total de vino chileno. Su participación es, en todo caso, minoritaria frente a los vinos con denominación de origen y a los vinos destinados a la exportación.

Como referencia, ODEPA informó que en 2025 se produjeron 136,6 millones de litros de vinos sin denominación de origen, categoría amplia que incluye distintos tipos de vinos y no equivale exclusivamente al pipeño. Por ello, no sería correcto atribuir todo ese volumen al pipeño. La falta de una medición específica revela también su posición dentro de la industria: es un producto relevante culturalmente y para ciertas economías locales, pero todavía pequeño en términos del volumen vitivinícola nacional. (ODEPA)

Un producto de alto valor agregado

El helado de piña suele provenir de la industria alimentaria, mientras que el pipeño conserva un vínculo con la producción campesina. Esa combinación explica parte del atractivo económico del Terremoto: sus insumos son relativamente accesibles, requiere poco equipamiento y se vende como una experiencia asociada a la celebración y la identidad nacional.

La mayor parte del valor no está solo en los ingredientes, sino en la preparación, la marca del local y el contexto festivo. Un vino de producción local puede transformarse, junto con helado y granadina, en una bebida con un precio final muy superior al costo de sus componentes.

Una economía estacional

La demanda se concentra especialmente en septiembre, cuando fondas, restaurantes y bares aumentan sus ventas. El Terremoto funciona como producto insignia junto con la empanada, el anticucho y la chicha, y genera actividad para productores, distribuidores y trabajadores gastronómicos.

Para los territorios productores, esta demanda puede representar una oportunidad de diversificación. En Quillón y en distintas localidades del Valle del Itata, el pipeño puede integrarse con visitas a viñedos, degustaciones, gastronomía local y circuitos de turismo rural. Así, una bebida consumida principalmente en la ciudad puede devolver parte de su valor al territorio donde se produce la uva.

Su potencial, sin embargo, todavía está poco desarrollado. Chile podría impulsar pipeños premium, rutas enológicas, festivales y versiones embotelladas, sin perder el carácter popular de la bebida. También sería conveniente mejorar la información estadística para conocer cuántos productores existen, qué volumen elaboran y qué proporción corresponde efectivamente a pipeño.

El Terremoto demuestra que el patrimonio también puede generar valor económico. Su futuro dependerá de que Chile no solo exporte vino, sino también las historias, territorios y tradiciones que existen detrás de cada copa.

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